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Megasequía en Chile: estudio revela cambios drásticos y desiguales en los lagos andinos durante las últimas cuatro décadas

19 de Noviembre, 2025


Durante los últimos años, Chile se ha convertido en un caso emblemático de los impactos del cambio climático en regiones áridas y semiáridas. La combinación de eventos secos prolongados, aumento de temperaturas y presión humana sobre el agua ha configurado un escenario crítico para los ecosistemas y la seguridad hídrica del país. Un nuevo estudio realizado por universidades chilenas entrega ahora un panorama detallado de cómo estos cambios están afectando a uno de los sistemas naturales más sensibles: los lagos de montaña de la Cordillera de los Andes.

Un país ubicado en una zona de riesgo hídrico extremo

A nivel global existe consenso científico en que el calentamiento provocado por la actividad humana está intensificando y haciendo más frecuentes las llamadas megasequías: periodos excepcionalmente largos de déficit de precipitaciones que pueden extenderse por años o incluso décadas. Estas sequías tienen efectos profundos en los ecosistemas, modifican su estructura y funcionamiento, y generan presiones directas sobre las comunidades que dependen del agua.

Chile es uno de los 25 países clasificados por el World Resources Institute dentro de la categoría de estrés hídrico extremadamente alto hacia 2050, lo que lo sitúa entre los territorios más vulnerables del planeta frente a esta crisis. A esto se suma un factor local decisivo: el país depende fuertemente del agua para sostener actividades como la agricultura, la minería y el abastecimiento urbano, especialmente en la zona norte y centro.

La megasequía que no da tregua

Desde 2010, Chile central vive un episodio de sequía sin precedentes. El déficit de precipitaciones, que oscila entre un 25 % y un 45 %, ha provocado inviernos cada vez más secos y cálidos, disminución de caudales, retroceso de glaciares y una fuerte reducción de la cobertura nival. Estudios recientes han demostrado que esta sequía es la más prolongada desde que existen registros instrumentales, y tampoco se encuentran eventos comparables en los últimos cinco siglos.

Más al norte, en el Altiplano, predomina un clima árido donde la recarga de los lagos depende casi exclusivamente de las lluvias del verano y del deshielo primaveral. Sin embargo, el aumento de la temperatura y la variabilidad climática creciente dificultan predecir cómo responderán estas zonas a eventos de megasequía.

Los lagos andinos: sensores naturales del cambio climático

Los lagos altoandinos cumplen un doble rol: son reservas esenciales de agua dulce y, al mismo tiempo, funcionan como indicadores sensibles de los cambios hidrológicos. Su evolución permite observar de manera directa los efectos de los cambios climáticos recientes. Pero hasta ahora faltaba una caracterización sistemática y comparativa a gran escala.

El nuevo estudio —parte del proyecto “Past and present impacts of megadroughts in high Andean lakes of northern and central Chile” (ANID, 2021)— se propuso llenar ese vacío. Para ello, los investigadores trabajaron con imágenes satelitales Landsat obtenidas entre 1984 y 2021, un periodo de casi cuatro décadas que permitió reconstruir patrones de cambio en la superficie de los lagos.

Un universo de 659 lagos y salares, 40 analizados en detalle

La cordillera entre los 18°S y los 39°S alberga 659 lagos y salares, con tamaños que van desde pequeñas lagunas de 0,0014 km² hasta grandes cuerpos como la Laguna de La Laja, que supera los 115 km². Muchos de ellos se encuentran sobre los 4.000 metros de altitud, especialmente en el norte; en cambio, en Chile central aparecen mayormente entre los 1.000 y 2.000 metros. De ese conjunto, el equipo seleccionó 40 lagos con una superficie mayor a 0,5 km², distribuidos de manera representativa a lo largo del gradiente latitudinal y altitudinal. La información sobre el uso humano del agua es todavía escasa, pero al menos ocho de estos lagos están destinados a riego, generación eléctrica o consumo.

Resultados: dramática pérdida de superficie en Chile central

Los análisis muestran una tendencia clara y preocupante: los lagos de Chile central han perdido hasta un 45% de su superficie en las últimas décadas. Este descenso coincide con los efectos más notorios de la megasequía: menor recarga por precipitaciones, reducción de la nieve, mayor evaporación producto del aumento de la temperatura y, en algunos casos, sobreexplotación de recursos hídricos.

Para los investigadores, esta disminución constituye una señal de alarma sobre el estado de los ecosistemas de la zona, que ya presentan bosques más secos, migración de especies vegetales hacia zonas altas y fragmentación de humedales.

Un Altiplano con tendencias mixtas

A diferencia de Chile central, la respuesta de los lagos y salares altiplánicos es mucho más diversa. Mientras varios muestran disminuciones atribuibles a la combinación del incremento de las temperaturas y variabilidad de lluvias, otros presentan aumentos de superficie de hasta un 19 %. Este incremento podría explicarse por dinámicas locales, como mayor aporte de deshielo en el extremo norte o episodios puntuales de precipitación estival intensa. No obstante, el futuro de estos lagos es incierto: si las fuentes de humedad disminuyen a largo plazo, el aumento temporal podría revertirse.

Un atlas público para entender la crisis hídrica

Con el objetivo de facilitar el monitoreo y la planificación territorial, el estudio pone a disposición de la ciudadanía y de las instituciones un atlas en línea interactivo:
https://megadroughts-fau-uchile.opendata.arcgis.com

Allí es posible explorar mapas, comparar series temporales y revisar la evolución de cada lago. Esta herramienta busca apoyar políticas públicas basadas en evidencia en un momento en que las decisiones sobre el agua son más urgentes que nunca.

Ciencia colaborativa para un problema urgente

El proyecto fue liderado por Claudio Latorre y Magdalena Fuentealba, investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB). Participaron también Oliver Meseguer-Ruiz (Universidad de Tarapacá), Andrés Rivera y Pablo Sarricolea (Universidad de Chile; este último miembro del CR2).

El estudio revela un mensaje contundente: Chile se encuentra en un punto crítico para la gestión del agua, y los lagos andinos, como reservorios y sensores climáticos, muestran señales claras de estrés ante el escenario actual. Si no se actúa sobre la base de evidencia científica, advierten los autores, el país podría enfrentar escenarios extremos como la disminución severa de reservas subterráneas, tal como anticipan otros estudios que alertan sobre un posible “Día Cero” en zonas de alta demanda hídrica.

Lee la publicación completa: Lake water response to the recent megadrought in the Andes of northern and central Chile (18◦S-39◦S)” Journal of Hydrology. (https://doi.org/10.1016/j.jhydrol.2025.134448)


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person   Periodista
Paolo Murua
mail   pmuruav@uc.cl